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The final countdown
Érase una vez en Miami, en Florida cuando no había exilio cubano ni la pequeña Habana existía siquiera, cuando el pueblo cubano era parte orgánica del poder emanado de Washington, aun cuando como diría aquél tenían su capitolio, su banderita y su asiento en la Sociedad De Naciones. Entonces hubo un cambio fundamental que cierta parte de la sociedad se negaba a reconocer. Y que aun hoy se niegan. Y así surgen terroristas como Posada - Carriles, recientemente amnistiado por la saliente presidenta de Panamá, cuando en la cercana fecha de 2000 intento atentar contra la delegación cubana en la cumbre iberoamericana. Es, en este caso, una voluntad inequívoca que suplantar la voluntad de un pueblo por las acciones de unas elites que únicamente quieren a una determinada forma de país. No quieren el país tal cual es. Lo quieren a su manera. Las demás no existen. Y de esa manera actúa la pequeña Habana de Miami. Y así de radicales se les pudo ver cuando la fiscal general de los estados unidos Janet Reno tuvo que entrar a sangre y fuego a devolver a Elián con su padre, en vez de una parte lejana de su familia que únicamente le querían usar como marioneta política, tal vez en favor de una nueva bahía de cochinos mejorada, que quizá W se avenga a llevar a cabo en su segundo mandato (si es que el que ganó en Ohio fue George y no el tal vez nuevo presidente en el exilio John F. Kerry, que sucedería en dicho cargo al sureño Al Gore).
Agentes del FBI salvando a Elian de manos de la mafia anticastrista
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