Durante la etapa islámica en la península ibérica se dió una cierta intencionalidad de las tribus del Rif norteafricano para conquistar el autónomo califato de Córdoba. Un movimiento que, según se nos dice, tuvo su punto máximo cuando el walli de Valencia pidió la protección del Cid a mediados del siglo XI. Pero que también tiene su reflejo en el momento en el que el rey de Navarra llegó a un acuerdo sobre Albarracín con el señor musulmán de Murcia. El Rif del Norte de África ha sido una zona muy compleja en su estructuración política y en su relación con las estructuras de poder. Dado lo escarpado del terreno, en la presencia de los poderosos Atlas, las revueltas, sublevaciones y resistencias tenían mayor probabilidad de éxito. Como contrapunto siempre estaba el Norte para oponerse al Sur.
Marruecos, Magreb (que significa algo así como lo que esta al oriente… ¿de qué?). Ha sido una cuestión complicada, pues realmente el reino de Marruecos (como el de España) son de reciente creación. Antes ambos fueron parte del Imperio Romano. Y ambos fueron influenciados por el Islam. Desde Arabia, tras Mahoma, los árabes se expandieron, poblando con colonos otras tierras, cual nuevos griegos, fenicios o romanos. Y en Occidente llegaron al estrecho de Gibraltar, algo que cruzarían en 711, como la mitología nos ha venido contando desde tiempos inmemoriales. Ahora bien. La población autóctona es la Beréber. De todo el norte de Africa. Algo que en estos últimos años, como en otras zonas del mundo, ha estado sujeto a una política de aculturación y de reducción a zonas restringidas. Una cultura muy fuerte para sobrevivir en un entorno hostil por naturaleza (nunca mejor dicho) al ser humano, como es el Sahara, y como unas expresiones artísticas y enigmáticas comparables a los indígenas precolombinos de América del Sur.
España se fue construyendo en torno al reino de Castilla. Fue conquistando tierras hacia el Sur hasta llegar al borde del mar Mediterráneo tras la victoria de año nuevo de 1492 sobre el reino de Granada, donde a Boabdil, apodado “el chico”, último monarca local, se le dijo “llora como mujer lo que no supiste defender como hombre”. Pero aquella naciente España quería llevar sus fronteras más allá. Y llevar adelante una cruzada por la cruz que llevara las sagradas escrituras, como dijera la próximamente santa Isabel I de Castilla, allén de los mares. A los infieles. Para que conozcan la verdadera fe y abracen al altísimo. Y en aquella guerra fría con el Islam, donde los musulmanes hacían razzias en las que cogían esclavos blancos para trabajos forzados o como soldados de élite para sus ejércitos… o simplemente saqueaban las costas de Europa para lograr beneficios económicos inmediatos… la confrontación fue inevitable. Y en tiempos de Carlos V de Alemania (I de España) se libró la llamada guerra de Túnez. En la que Carlos salió trasquilado. Pero logró plazas en el Norte de Africa para la seguridad del naciente reino de España: Ceuta, Melilla, Oran y Argel, entre otras. Con Felipe II se dió la batalla de Lepanto. Más espectacular que efectiva, pero que tuvo, ciertamente, su impacto en el Imperio Otomano que entonces comandaba Sulaiman “el magnifico”.
La idea de España, al avanzar los tiempos acerca de la posición sobre Africa se muestra clara y meridianamente en un hecho clave (que quizá deba conjugarse con otros elementos, enraizados por ejemplo en la reciente guerra civil). En los años 40 del siglo XX el recientemente victorioso franquismo, viendo lo fea, insalubre, insostenible e impresentable que era Madrid como capital del Estado, trató de trasladar la capitalidad a Sevilla, vieja ciudad donde se dió el comercio con las Indias. Así España lograría tener la capital en el centro (geográfico, político y hasta espiritual) de lo que era considerado como “Reino de España” (aunque no hubiera en ese momento rey alguno).
Tras la crisis sudanesa de Fachoda, otro gran actor entro con fuerza en la escena hispano - marroquí: Francia. Pero mediante un acuerdo de 1904 en Algeciras, ratificado en 1912, se establecía un protectorado hispano - francés sobre Marruecos. En este punto, y visto el estado de España como “potencia” a principios del siglo XX, fue cuando los beréberes (de habla castellana) se sublevaron, proclamando la República del Rif (concordante con la mayoría del entonces protectorado del Marruecos español). Sólo cometieron un error. Reivindicar territorio de Francia. Se sublevaron y humillaron al ejército Español. La semana trágica de 1909 fue provocada por la guerra de Marruecos. Y otra en 1917. Únicamente se tenía seguridad sobre Ceuta y Melilla. El líder de esta revuelta fue Abd el Krim, caudillo de los ejércitos beréberes. Estos hechos llevaron al desastre del Anual. Donde las posibles implicaciones que tras las investigaciones pudieran darse (entre otros elementos) llevaron al General Primo de Rivera a dar un golpe de estado. Para poder salvar las apariencias (y la dignidad y las malas actuaciones del jefe supremos del ejército: el rey). Lo hizo para poder parar la creciente bola de nieve. Y una vez llegado el “nuevo gobierno”, en un nuevo sistema de partido único, Francia y España colaboraron. En 1923 se dió la primera operación que unía a las tres armas: tierra, mar y aire, para aplastar a los rebeldes de Abd el Krim.
No cabe ninguna duda para nadie que esa nueva ofensiva terminó en victoria europea. Y Abd el Krim fue apresado. Por Francia. Y no fue “extraditado”. Ya en aquellos tiempos los españoles tenían fama de no ser cariñosos precisamente con sus presos. Si no que se lo pregunten a los que sufrieron uno de esos inventos españoles que pasaron a la historia. No es la siesta, sino el garrote vil. La muerte por ahogamiento. Quien quiera ver un ejemplo práctico de esto puede ver la película de Berlanga “El Verdugo”. Por supuesto que eso supuso el fin a un posible estado beréber en el Norte de Africa. Algo que visto en perspectiva histórica (y como tratan los 5 gobiernos árabes norteafricanos a esta minoría étnica), hubiera supuesto una garantía en la protección de sus derechos. Aparte de haber situado un estado castellano, como prácticamente lo es hoy la República Árabe Saharaui Democrática.
Marruecos y España. España y Marruecos. Quizá la crisis de Perejil fue un aviso de lo que puede venir. Marruecos tuvo Al Andalus (tómese con todas las pinzas que se quiera). Y España el Rif. Quizá estén predestinados a tener una guerra en el futuro cercano, a medio plazo. Quizá incluso estuvieron muy cerca de ello en el pasado cercano. Quien sabe. Lo cierto es que disputas entre las dos orillas ha habido, hay y habrá. Y mientras no se interiorice que la paz se hace con el diferente. Con el otro. Con el que esta al otro lado de la mesa y no con el que te acompaña en la delegación, o te viene en forma de comité de apoyo… muy probablemente no se podrá llegar a ningún acuerdo positivo, amistoso y que nos acerque a unos y a otros.
¿Sirve de algo los largos siglos de coexistencia tan cerca los unos de los otros como para poder entendernos, vivir en paz y evitar la guerra? ¿Convivencia o imposición?
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