En el corazón de Asia, a dos pasos de la meseta de Pamir, la planicie más elevada del planeta, se encuentra Afganistán, reino de taifas hasta hace no mucho y recientemente asimilado al mundo democrático o libre gracias a… Bin Laden.
Afganistán fue conquistada por Alejandro Magno cuando dejó sus tierras macedonias (lugar de nacimiento, por cierto, de Mustafa Kemal Atatürk) a la conquista del mundo. Cuando Alejandro llegó tan al Oeste, se dice, lloró, pues no había más tierra para conquistar. Murió joven, por lo que las especulaciones sobre lo que el genial general hubiera podido hacer hasta el fin de sus días (en la escala de longevidad de aquella época) es un misterio y pasto para contrafactuales (del que este autor se declara devoto) y especulaciones diversas. Pero ese no es el asunto principal. Tras la muerte de Alejandro el Imperio que construyó se dividió entre sus generales. Y Afganistán terminó con el tiempo islamizándose, pues los otomanos siguieron la ruta alejandrina hasta llegar a “repoblar” aquellas tierras. Un ejemplo claro es Turkmenistán. La tierra de los turcomanos. La propia raíz indica el origen. Turquía.
Debido a la centralidad histórica en la historiografía de la región occidental, motor de la historia (al menos para nosotros, e impuesto al mundo como un factum sanctorum) la región islamizada en Occidente fue preeminente en cuanto a calibrar la dimensión del imperio de Mahoma. Pero de Arabia hacia el Este también se movieron los musulmanes. Mahoma, durante los 10 años de tregua que tuvieron entre Meca y Medina (la ciudad - estado islámico originario y fundamental, donde política y religión se imbricaban en una única y estrecha institución), se enviaron emisarios a los tres más poderosos imperios que rodeaban Arabia: Egipto, Bizancio y Persia. Con el tiempo la solicitud de conversión se convertiría en obligación manu militari …
Dejando a un lado la prolija (y bastante desconocida) historia de Afganistán entre los sucesores de Alejandro, pasamos al siglo XIX. Rusia trataba de extender sus dominios por donde podía. Al Oeste estaban las potencias europeas. Al Sur las tierras del Islam. Al este había un “hueco”, que tras la victoria sobre los tártaros podía ser colonizado. Su nombre es Siberia. La expansión de Rusia por aquellos lares no sólo implicó las famosas estepas, sino que también viró hacia el Sur, teniendo el imperio de los Zares intereses en Persia y Afganistán … (La obsesión rusa siempre ha sido tener acceso a un mar que no se les congele la mayor parte del año, de ahí la guerra de 1904 con Japón por Port Arthur - Manchuria/China. Pues únicamente tenían Vladivostok y los siempre controvertidos pasos por los Dardanelos con Turquía desde Odessa o el báltico desde San Petesburgo, en un tiempo en el que Murmansk aún era un sueño).
Londres. Imperio Británico. El papel en el mundo de la etapa victoriana era importante y de gran presencia en el mundo. Habían perdido las 13 colonias, por lo que debían extender sus dominios hacia otra parte del mundo, convirtiendo la India en su nueva joya de la corona (incluso físicamente). Era el conocido RAJ, que hoy incluiría a India, Pakistán, Birmania, Nepal, Bhutan, Bangladesh y Sri Lanka. Y precisamente lindaba con Afganistán. Los británicos tenían la intención de cubrir huecos. Recuérdese que en la década de los 50 del siglo XIX una coalición franco-británica, apoyada tenazmente, y nunca lo suficientemente agradecida ayuda del Imperio Otomano, lucharon contra el otro gran “amante” de Afganistán (o lo que entonces representaba: sus tierras y sus gentes): Rusia.
Durante el siglo XIX la presión continua en la zona, con un juego de alianzas con las tribus locales (como siempre) fue algo rutinario. Se jugaba el partido de la influencias sobre la región cuando aun no tenían una conciencia como país los afganos. Entre los rusos por el Norte, donde lindaba con el imperio zarista, y británico por el Sur, en la limes con el Raj. Lo mismo ocurría en la vecina Persia. Pasado el tiempo las tensiones se relajaron y las dos potencias llegaron a un acuerdo de compromiso. Las zonas de influencia se repartirían de esta forma tan suigeneris el Norte para unos y el Sur para otros. Así los británicos tenían garantías de una no invasión de Rusia hacia sus dominios, pues tenían ese “cordón sanitario” que más tarde, a lo largo del siglo XX Rusia se construiría en Europa (pues todo el mundo sabe que pasada Polonia, el camino hacia Moscú es expedito y llano para todo conquistador, salvo quizá unas marismas denominadas de Pripyat…).
Afganistán continuó ajena a los tiempos (al menos para el mundo) hasta casi los 80 del siglo XX. Antes, en los 50 había habido una afirmación clara de que la influencia en la zona era de la URSS (eso cambió efectivamente, desde los tiempos de los zares… ahora rojos). Los afganos eran (y son) una nación muy pluricultural y multiétnica (si es que se puede hablar propiamente de una nación afgana). Existe la mayoría pashtun, hermana de sus vecinos pakistaníes. Pero también están los Hazara (de origen persa, constructores de los gigantes y derruidos Budas excavados en roca viva), los tayikos, los uzbekos, los turkomanos… (estos últimos emparentados a su vez con los países vecinos, que a su vez, y por parentesco cultural, están íntimamente relacionados con el estado madre, la madre patria: Turquía).
En los años 80 se sucedió la guerra de Afganistán entre los soviéticos y la coalición Islam-norteamericana. Los estadounidenses tomaron mano del primer aliado posible contra los soviets. Y esta intervención es parte de aquello. Las esferas de influencias. Y de un nuevo elemento en juego: el Resurgimiento. Una renovación en el Islam. Como a través de la revolución iraní de 1979. Y que hizo peligrar muchas cosas, pues el recuerdo, la memoria colectiva de buena parte de las repúblicas soviéticas de Asia central podía volverse muy real hacia su pasado colectivo como musulmanes y como turcos (no como rusos).
Cayó el muro de Berlín. La guerra fría terminó. Pero Afganistán seguía ahí. Y la gente de aquel lugar debía seguir adelante. Aunque los americanos no estuvieran ya interesados en ellos (al menos de momento). Y se enzarzaron con las armas que les restaban en una guerra de poder propia de un estado feudal (es lo que era, pues no se había institucionalizado). Algo tremendo es tratar de imponer una visión, una forma se ser, pensar, regularse… a toda una colectividad. En 1996 unos estudiantes se hicieron con el control del país. Los talibán. Pero una resistencia se mantenía. ¿Dónde? En el valle del Panshir. Parte de la vieja zona de influencia rusa, precisamente apoyados por éstos a través de sus bases en aquellas ex-repúblicas (Rusia, según el tratado CEI se encarga de sus Asuntos Exteriores y Defensa). EEUU y Occidente trataron de llegar a acuerdos con los nuevos amos afganos. Pues querían sacar tajada de aquel pastel. Como por ejemplo las petroleras. En una de las cuales trabajaba un joven y prometedor muchacho llamado Karzai…
2001. 11 de septiembre. El día de la infamia, segunda parte. Se dice que lo mismo que aquél otro, 60 años atrás (7 de diciembre de 1941), que hay que devolver el golpe. Incluso los europeos, en su generosa ingenuidad, activan el artículo 5 del tratado OTAN, donde se señala que un ataque desde el exterior a cualquiera de sus miembros sería repelido por la colectividad. Pero, ¿dónde golpear? Pues parecía que Afganistán, siguiendo la línea argumental de que Al Qaeda había sido, y su máximo líder, Osama Bin Laden, se encontraba allí, después de que tras los ataques del presidente Clinton de 1998, le hiciera huir de su anterior refugio sudanés…
¿Cómo lo sabían? Pues porque el encargado de la CIA en la zona le había visitado en el hospital donde se practicaba la periódica diálisis en los primeros días de septiembre de ese año: 2001.
Un profesor de relaciones internacionales nos comentó hace un tiempo que posiblemente la primera guerra contra el terror estaba justificada por la cercanía, por ser una reacción a los ataques. Usted verá. El 7 de octubre se inició el ataque a Afganistán (casi un mes después). La Alianza del Norte tuvo un papel fundamental para la victoria… Una victoria que dejo escapar a los talibán casi intactos (no hubo casi batallas realmente).
EEUU en su intento de “legalizar” la reciente (y poco cuestionada, todo hay que decirlo) guerra afgana, se afanó en buscar una democratización del país. Se convocó una conferencia internacional para noviembre de 2001 en Alemania, que tuvo que extender sus trabajos hasta diciembre para llegar a un acuerdo. También una Loya Yirga, o asamblea afgana fue convocada. Visiblemente se nos hacía llegar que cambiaban los valores, los estilos… el talante, en definitiva (aunque para algunos cambios son necesarios la interiorización de varios años).
Transición en Afganistán. Podría decirse que estamos en esa fase. La misión de “protección” fue encargada en un primer momento a la OTAN. Pero hoy es el día en que las fuerzas de la Unión Europea son las que tienen el mando en la región (en una zona que evidentemente no es Europa), por lo que muchas cuestiones (que serán tratadas aparte) vienen a la mente de manera rápida, pero que no vienen a cuento realmente. Occidente, a través de aquel proceso en Alemania colocó a sus muchachos afganos en el gobierno (como dirían los miembros de la CIA). Presidente: Ahmet Karzai, profundo conocedor (sic) de Occidente y del mundo actual.
La intención es después de haber limpiado aquel lugar resolver la papeleta electoral y estabilizar el país. Como en Bosnia (donde todavía las fuerzas de la Unión Europea patrullan y existe la figura de delegado de la comunidad internacional, que hace no demasiado tiempo organizo una redada anti corrupción y anti mafia al más alto nivel). Después de eso el nuevo y moderno Afganistán estaría en marcha para ser un miembro de pleno derecho de la comunidad internacional de naciones. Plenamente integrada.
El problema es que los talibán son numerosos. Descontrolados. Se refugian en la orografía montañosa del país. Aparte se encuentran los señores de la guerra afganos, que poseen, en conjunto diez veces más ejército que el embrión del ejército nacional. Las fuerzas occidentales protegen Kabul, la capital, y alguna ciudad importante más. Más allá reinan los señores de la guerra que dominaron el país desde la caída del régimen comunista en 1992 hasta la llegada de los estudiantes de las madrasas coránicas del vecino Pakistán, tan famosos, entre otros, por aquel Mulláh Omar. El que “escapó” del todopoderoso ejército de Estados Unidos … en motocicleta.
9 de octubre. 2004. Fecha histórica para los afganos. El día en que votaron por primera vez en unas elecciones libres, democráticas, en sufragio universal y directo para el presidente de la república. 20 fueron los candidatos que se presentaron. Entre ellos hay de todas las etnias y de todos los ramos. Como el mítico general Dostoum (uzbeko). A pesar de las numerosas denuncias de fraude (voto múltiple principalmente, como sucediera en Irlanda en las elecciones entre los 10 y los 20 del siglo XX) presentadas por 15 candidatos, parece que “se van a” retractar. Era obvio desde el principio quien sería el ganador, y ese quizá sea un factor muy influyente para algunos para tratar de aparecer en publico…
Probablemente esto que tienen ahora en Afganistán sea lo mejor que puedan tener, o, al menos, lo menos malo. Se parece mucho a la relación ad intra de Arabia Saudí, tal y como la encontró el teniente Lawrence, cuando llegó en la primera guerra mundial, dispuesto a unir a aquellas tribus dispersas en un ejército armado contra el vecino todopoderoso imperio otomano. Como dijo un analista norteamericano, algunas de esas naciones son tribus con bandera. Un país cuyo principal objeto de transacción y de obtención de riqueza es el tráfico de opio…
Como dice el príncipe Lampedusa en su obra “El Gatopardo”: (en referencia a los que ostentan el “poder”) querido amigo, todo debe cambiar para que todo pueda seguir igual.
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