Un 29 de diciembre de 1978 entraba en vigor la constitución de la que se habían dotado los españoles. El 6 de diciembre de ese año se había votado en referéndum, siendo adoptada por los españoles. Como no podía ser de otra manera tras el referéndum las cortes tuvieron que votar para ratificar lo que los españoles habían dicho en las urnas (referéndum consultivo, nunca vinculante). Y se llegó al 27 cuando el jefe del estado, Juan Carlos Borbón, firmo la nueva ley para que pudiera cumplir su último trámite. Menos mal que alguien se dio cuenta que el día siguiente a la firma era día 28 …
De no haber sido perspicaz el funcionario citado la constitución vigente de los españoles hubiera entrado en vigor el día de los inocentes. Menuda foto para la posteridad. Y que simbólico para su contenido y significado. Pero no, alguien propuso dejarlo para el día siguiente y así sucedió.
Pero es que el constitucionalismo en España es de chiste. En serio. La primera constitución española es de 1808. Y no es española, sino que es el estatuto de Baiona. O sea que por ser tampoco seria ni francesa, porque fue firmada en una localidad del país de los pirineos: el de los vascos. En 1812 hicieron la “pepa”. Donde uniformizaban jacobinamente el estado uniendo por igual las antiguas libertades y derechos de la democracia vasca con el sistema de nobleza y reinado absolutista del antiguo régimen español. Y de ahí vino la rebelión de las guerras nacionales de 1833-39 y de 1873-76, que resultaron con la abolición de los fueros (las constituciones) de los 4 territorios vascos que administraba España.
En 1837 se hace un estatuto, sin llegar a ser constitución, que inaugura un periodo, el del siglo XIX de cambio de todo al cambiar la administración. Liberales y Conservadores. Cuando entraba uno proponía una nueva constitución. Y por descontado cambiaba a todos los funcionarios. Desde el más alto de cada ministerio hasta el portero. A esto se le denominó cesantías e hizo que la administración fuera lentísima. Al final siempre llegaba el general de turno, daba un pronunciamiento y el gobierno cambiaba.
En 1873 se proclamó la primera república, después del gobierno de Amadeo de Saboya, y terminó, como no, con el general Pavía entrando a caballo en las cortes y disolviéndolas a golpe de mandoble. Canovas, entonces Primer Ministro, quería establecer una constitución y tras ella restaurar la dinastía Borbón en la persona de Alfonso XII, que se encontraba estudiando en la academia militar de Sandhurst, Inglaterra. Pero no pudo tejer una entrada constitucional. No porque fuera asesinado Canovas, que lo fue y en una localidad vasca por un anarquista italiano, sino porque otro general (otra vez) hizo un pronunciamiento militar en Sagunto. Otro rey que venia contaminado en su proclamación.
La primera constitución verdaderamente democrática, tanto en su redacción como en su contenido es la de la segunda república de 1931. Pero claro, en ninguna de las anteriores ni en esta los derechos de los ciudadanos vascos a decidir sus propios asuntos ni a decidir sobre su futuro estaba recogido. Más bien trataban de atar y bien atado al pueblo vasco separado (Vascongadas por un lado y Navarra por el otro) y dentro del régimen español. Ya lo dijo Calvo Sotelo (casualmente en un frontón gipuzkoano): “Más vale una España roja que rota”. Dado que al final lo que les unía (y une) es su indiscutible españolidad. De la derecha y de la izquierda.
Y tras el vendaval del dictador genocida nos plantamos con una nueva constitución para los españoles que los vascos aceptan sólo en un 35% de su censo, por lo que la aceptaron únicamente los españoles. Los vascos la rechazamos. Y esa constitución mantiene lo que el dictador genocida impuso: a Juan Carlos Borbón como su sucesor en la jefatura del estado. Se mantuvo la imposición de la monarquía, cuando el régimen a restaurar hubiera debido ser el legalmente constituido, es decir, la república. Y a los vascos se les apartó del proceso de redacción. Por eso tan pocos votaron a favor.
El proceso fue largo. Larguísimo. Desde las elecciones de Junio 1977 hasta el final de diciembre de 1978 pasó año y medio de parto constitucional. Sintomático es que al final estuviera a punto de salir publicada y entrar en vigor el día de los santos inocentes. Parecía una inocentada que el jefe del estado fuera irresponsable de sus actos e injuzgable, tirando por tierra el argumento de igualdad frente a la ley. Por citar un solo ejemplo. Ahora que se plantea su reforma seguramente harán lo que pasa el día 28. Nos volverán a hacer la inocentada y a no tenernos en cuenta. Seguramente seamos nosotros los que tengamos que hacer valer nuestra voz contra una historia constitucional española que trata y ha tratado de olvidar y derribar siquiera el simple recuerdo de otros sistemas constitucionales como fueron los Fueros o el Derecho Constitucional del Reino de Navarra. Y si no podemos poner en práctica, otra vez, el contra fuero: se acata, pero no se cumple.
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