Un Reto en el desarrollo municipal:
“Democracia Participativa supone hacer visibles los conflictos estructurales e intervenir en su transformación.” (Zesar Martínez, Parte Hartuz)
La Democracia Participativa es un estilo de hacer política, es un estilo de comprender la realidad de nuestros barrios, pueblos y ciudades desde la óptica de la implicación de cada uno de sus miembros y colectivos. Tras la caída del muro de Berlín y más recientemente de las torres gemelas, en una época donde los valores inmateriales (paz, solidaridad o respeto a la naturaleza) aumentan sobre los valores materiales, el derecho a la ciudadanía debe ampliarse hasta la inclusión del valor participación.
Suele decirse de la distancia entre la “clase política” y la ciudadanía. Aun cuando en los niveles superiores esto pudiera ser cierto, a nivel local esto puede superarse mediante la implicación del ciudadano en la gestión de su propia ciudad, pueblo o barrio mediante la apertura de espacios destinados al debate, la confrontación de ideas y proyectos y el consenso sobre el rumbo que se haya que tomar. Obviamente este estilo de hacer política no pretende ser sustitutivo del actualmente vigente modelo de Democracia Representativa, sino el complemento ideal para hacer participes a personas y colectivos de su propio futuro.
De lo Macro a lo Micro, demandas globales y respuestas locales:
Los problemas que la ciudadanía demanda responden a múltiples niveles de exigencias. Demandan una sanidad eficiente, unos transportes eficaces o una educación pública de calidad. Aparecen proyectos estratégicos como nuevos puertos comerciales o líneas férreas de alta velocidad. A nivel micro nos encontramos con proyectos como la ordenación de un barrio entero o la proyección de un parque o una plaza.
Aunque parezca complicado en ambos casos, el macro y el micro, se puede afrontar con un sistema Representativo – Participativo. Porque pensando en el Micro y concretando: ¿No deberíamos tener en cuenta la valoración de los usuarios de un futuro parque a la hora de elegir el mobiliario que luego ellos van a usar? ¿No será más útil coordinar los esfuerzos con los colectivos locales para hacer del futuro de una zona en concreto que va a ser desarrollada próximamente por impulso de las instituciones, si esos colectivos van a trabajar en ese ámbito territorial y / o van a usarlo, dado que viven allí?
Existen formulas para lograr la Participación tanto de colectivos no asociados, como asociados, personas individuales (relevantes en la vida social del pueblo o no) y en momentos puntuales o en procesos a largo plazo.
Técnicas Participativas:
La Participación se estructura sobre la base de la voluntad política. A partir de ahí se abre un sinfín de posibilidades. Hay técnicas como la IAP o la Evaluación Participativa que pueden considerarse de larga duración. Estas serían procesos participativos donde en la ciudad pueblo o barrio se estructurarían las políticas públicas en torno a un sistema permanente de participación ciudadana y de colectivos.
Otras como los Talleres de Prospectiva serían de corte más puntual. Ésta en concreto supone la creación de perspectivas de futuro sobre una zona en concreto sobre la que se quiere vislumbrar lo que tanto la administración como los movimientos sociales como la ciudadanía aspiran a conseguir de él.
Órganos Participativos:
Una forma permanente de establecer contacto entre ciudadanía e instituciones, tanto a nivel municipal como supra municipal, es a través de órganos como los consejos sectoriales. Los hay de Mujer, Juventud, Medio Ambiente, Cultura… etc. Para ponerlos en marcha se debe pensar en los contenidos de los que se le va a dotar, y lo más importante: señalar el rango. Si va a ser meramente consultivo, si va a ser co decisorio (la decisión se tomaría de común acuerdo entre las instituciones y el Consejo) o co gestionario (en este caso el Consejo se encargaría de administrar parte de lo que se vaya a planificar), por citar sólo 3 modelos. También hay que considerar otros aspectos como si debe ser un foro abierto o cerrado, si es abierto a que organizaciones, entre otros aspectos a tener en cuenta.
Una de las posibilidades que hay es la potenciación de órganos participativos de coordinación, bien territorial, bien sectorial, entre las asociaciones de una ciudad, barrio o pueblo determinado. De esta manera refuerzan su proyección de tejidos asociativo activo y pueden ser cauce de participación colegiado de la ciudadanía.
Planes Comunitarios:
Suponen la concreción a todos los niveles de la necesidad de la coordinación de todos los entes participantes de una realidad territorial concreta. En nuestro país existen múltiples ejemplos, como el barrio de Altza en Donostia, Alde Zaharra en Iruñea o San Francisco en Bilbo.
Con esta iniciativa, prolongada en el tiempo, se generan dinámicas de implicación de la ciudadanía, tanto asociada como no asociada, en la creación de una red de barrio, ciudad o pueblo que estructura la vida social en el territorio.
Presupuestos Participativos:
El ejemplo prototípico es Porto Alegre, sede de los Foros Sociales Mundiales, capital del estado de Río Grande do Sul, en Brasil. Una iniciativa que ha resistido el paso del tiempo dado que se inició con el gobernante Partido de los Trabajadores cuando ganó la alcaldía de la ciudad en 1988 y ha continuado aun habiendo perdido las elecciones en 2002.
Las dinámicas en este caso fueron encaminadas a la creación de asambleas desde el nivel más básico al más complejo llevando a cabo asambleas abiertas en los que se iba anotando las demandas sociales, hasta llegar a la conformación de un presupuesto común. En menor medida esto se ha llevado a cabo en ciudades como Córdoba o Albacete. Donostia ha iniciado el camino, que se concretará, seguramente, cuando un equipo municipal con mayoría absoluta gobierne la ciudad.
Riesgos y Beneficios:
Cabe destacar dos riesgos de tomar la via de la Democracia Representativa – Participativa: una es que existan colectivos que habiendo perdido el poder por los medios oficiales o legalmente establecidos quieran utilizar la participación como forma de gobernar de otro modo, la otra es que el gobierno legalmente establecido quiera mediante la participación ampliar la base de su respaldo mediante el simple asentimiento de la ciudadanía llamada a participar. Estos dos riesgos existen, pero con un programa serio de participación son fácilmente superables.
Para un buen desenvolvimiento de un programa de participación es prioritario hacer un diagnóstico y conocer de primera mano la realidad a la hora de tomar la decisión. Y más tarde, una vez iniciadas las dinámicas previstas, se puede reglamentar y estructurar la participación. Una vez embarcados en la voluntad de profundizar las relaciones entre ciudadanía e instituciones lo ultimo que debemos hacer es estancar la participación por ser excesivamente reglamentistas o burocratizadores. Las aguas de la participación han de fluir y aumentar su caudal lo máximo posible para poder captar la atención de la mayor parte de sectores poblacionales antes de construir el cauce (o marco legal definitivo).
En conclusión lo más importante para la creación de unos barrios, ciudades y pueblos que sean realmente construidos con el concurso de todos, que la ciudadanía haya hecho suya la ciudad y haya podido aportar su granito de arena, que los colectivos se hayan apropiado de espacios de participación para poder concertar con las instituciones un futuro en común, para todo ello sirve el modelo de Democracia Representativa – Participativa. Un modelo cuyo principal alimento es la voluntad política y el compromiso personal e institucional con un estilo, con una forma de hacer política que implique a cada vez más ciudadanas y ciudadanos de nuestro país en la construcción de municipios de todas y todos y que cada uno de ellos pueda asumir como propio.
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