Caen las Bombas sobre la Cancillería. Cada vez se hacen mas presentes los temblores entre todos los que allí viven. A pesar de vivir a unos metros bajo tierra, la artillería soviética, que ya combate en las afueras de la ciudad, se hace notar. No son suficientes los batallones Waffen SS de voluntarios extranjeros (muchos de ellos franceses de Vichy), los viejos y niños del Volksturm, junto con las divisiones imaginarias de Hitler, largo tiempo desaparecidas en combate y que nadie tuvo el valor de comentarle su inexistencia al envejecido Fürher. Y uno a uno los hace dormir. Son … medicinas. Uno a uno van cayendo en un profundo sueño. Y más tarde ella les suministra la píldora letal. En pocos segundos se han ido para siempre. Ninguno superaba la veintena. Muchos no llegaban a la decena. Muy Jóvenes y liquidados a manos de su madre. Magda Göebbles. Sale de la habitación de sus muertos hijos y se pone a jugar un solitario frente a su marido, consternado por la situación, pero creyéndose que se había hecho lo que debía hacerse. Es entonces cuando ella levanta la cara, le mira a los ojos y le espeta: “No quería ver que creciesen en un mundo sin NacionalSocialismo”. Muchas vidas habían caído antes de aquello. Y todavía no serían las ultimas. Pero estaba claro. Aquello se estaba terminando.

8 de mayo. Los ejércitos aliados ocupaban toda la superficie que otrora fuera el llamado a ser Reich de los 1000 años y que sólo duró 12. Alemania estaba vencida de nuevo. Ésta vez en su propio suelo. Era el final de la Segunda Guerra Mundial en Europa.El Almirante Karl Dönitz y su gobierno era encarcelado. Algo inédito según el equipo del designado sucesor de Hitler, tras su suicidio del día 30 de abril, 10 días después de su 57 cumpleaños, el último. Y es que Dönitz pensaba en una rendición estilo Primera Guerra Mundial. Pero no era así. Los aliados habían previsto otras vías en sus reuniones de Casablanca, Cairo, Teherán, Yalta Y Potsdam. Y era la división de Alemania entre Francia, Reino Unido, Estados Unidos, Polonia y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Con la ocupación total del territorio y la creación de un Gobierno Militar cuatripartito (Al menos hasta la transferencia de poderes del año 1949). Y para eso no era necesario (ni deseable) una reminiscencia del régimen anterior.
Hoy se cumplen 60 años de aquél día. De aquella rendición en Reims de Alemania ante Eisenhower (quien titulara a sus memorias “Cruzada en Europa”) y los aliados. Ciertamente lo que querían los aliados era retener la noticia para poder hacerlo oficial en Berlín 24 o 48 horas más tarde con la participación de una delegación Soviética, a su vez. Pero un astuto periodista logro filtrar la noticia. Aún así los soviéticos aun señalan en su calendario el día de la rendición en Berlín como fin de su llamada “Guerra Patriótica”. Y así se ha reportado al presente cuando ese día, 60 años después, en Moscú todos los líderes mundiales celebraban el fin de la Segunda Guerra Mundial. Conmemorando la rendición de Berlín. Algunas cosas cambian, otras no, como diría aquél.
Pero más que a desenmarañar lo que pasó en esos días del fin de la guerra, en este aniversario veamos con una cierta perspectiva. 60 años de perspectiva. Son pocos los que han sobrevivido para ver este día de los que estaban en este mundo en mayo de 1945. Por eso es perceptivo revisitar ese mundo cuando unos cuantos archivos y datos que se han ido publicando desde archivos restringidos o secretos de gobiernos aliados o documentos dados por desaparecidos han hecho su aparición pública.
Finalmente tendríamos que considerar lo que queda ahora de la convulsión que supuso la Segunda Guerra Mundial a nivel europeo y a nivel mundial. Que consecuencias ha tenido y si las brasas y cenizas del conflicto se han aventado o aun están presentes entre nosotros.
UNA POSGUERRA SIN FINAL
(Jesús Hernández)
Aunque han pasado sesenta años desde el final de la contienda más grande de la historia, sus huellas siguen perdurando hoy día. Los odios y los
rencores surgidos de aquella guerra continúan todavía entre nosotros.
Últimamente estamos viendo como en China ha surgido una respuesta, en algunos momentos violenta, a los intentos japoneses de eliminar de la
historia que se explica en sus escuelas los episodios más oscuros en los que se vieron involucrados durante aquella contienda.
El recuerdo de las sanguinarias incursiones de los soldados nipones en las ciudades chinas, como la tristemente célebre “violación de Nanking”,
siguen atizando el odio entre los dos países. Además, para terminar de tensar las relaciones entre los dos gigantes asiáticos, el gobierno nipón
acaba de desestimar una demanda de ciudadanos chinos afectados por los escapes producidos en almacenes de gas asfixiante, empleado por
los japoneses en China.
A su vez, los nipones mantienen aún un viejo contencioso con Rusia por la islas Kuriles, situadas a pocos kilómetros de la costa de Japón, y que
pasaron a poder de los rusos tras la guerra. Los nipones llevan ya seis décadas clamando inútilmente por su devolución.
En Europa también continúan los efectos de la contienda. No fue hasta el año pasado cuando el canciller alemán, en este caso Schroeder, acudía a los actos de conmemoración del desembarco de Normandía. Pero este año también ha surgido la polémica, debido al estreno de la película alemana “El Hundimiento”, acusada de ofrecer una imagen demasiado humana de Hitler. ¿Qué nos deparará el futuro? No lo sabemos, pero lo que es seguro es que la guerra de 1939-45 seguirá presente entre nosotros. No olvidemos que el actual Papa disparó a los aviones aliados con un cañón antiaéreo.
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