Ayer 27 de diciembre de 2006 dos ex lideres mundiales fallecieron. Uno de ellos efectivamente. Y el otro aunque siga respirando morirá en menos de 30 días. Esta condenado a morir en la horca por uno de sus innumerables crímenes.
Gerald Ford fue senador de los Estados Unidos en los años 60 y principios de los 70 por su partido, el republicano. Fue miembro de la comisión Warren que investigó, chapuceramente, para que negarlo, el asesinato del Presidente John F. Kennedy. Cuando Nixon se presentó para su segundo mandato en noviembre de 1972 lo hizo con Agnew como compañero de candidatura. Pero con el escándalo Watergate dimitió y Nixon, gracias a la enmienda constitucional de 1967 de sucesión en la presidencia pudo nombrar nuevo vicepresidente sin haber terminado el mandato. Y el elegido fue Gerald Ford. Cuando Nixon dimite en agosto de 1974 (que fue el único momento en la historia de los Estados Unidos con una investidura con buen tiempo, dado que todas habían sido en enero, con tiempo invernal en Washington) Ford se convierte en el 38º Presidente de los Estados Unidos. El único no votado en tiempos recientes.
Fue durante su mandato cuando se dio la ya mítica escena de la retirada final del Vietnam, con la improvisada y atropellada retirada de la embajada de Saigón. Aquellas imágenes con los helicópteros saliendo del tejado de la embajada y luego siendo arrojados al mar una vez en los portaaviones para hacer sitio a la llegada de más personal y refugiados son impagables. Es el icono de la impotencia de los Estados Unidos para sus ansias imperiales, en este caso contra el pueblo de Vietnam, que lejos de llevar a cabo una guerra por el comunismo, luchaban una guerra de autodeterminación para no estar sometidos ni a los chinos ni a los japoneses ni a los franceses ni a los norteamericanos.
Asimismo se dio la Conferencia de Helsinki en 1975 donde se congelaron las fronteras de Europa, aceptando, 30 años después, formalmente, las fronteras decididas al final de la Segunda Guerra Mundial. Se suele decir que esto fue una rotunda victoria de la diplomacia soviética. Los expertos occidentales dicen que no, que fue una derrota táctica y coyuntural, que en realidad como la URSS aceptó los Derechos Humanos estaba implantando la semilla que después brotaría el movimiento de las revoluciones de terciopelo, el movimiento de Solidaridad en Polonia o las marchas en la RDA. Fue en Helsinki donde se creó la CSCE, que en los 90 se transformaría en la OSCE, pasando del nivel de diplomacia de Conferencia a una institución internacional.
Como tercer hito a su mandato también cabe señalar que fue al presidente de los Estados Unidos al que le tocó vivir la muerte del dictador y genocida Franco, con lo que fue uno de los primeros en visitar al gobierno del incipiente nuevo régimen. Y entre sus presiones logró inculcar la “necesidad” para los españoles de ingresar en la OTAN, aunque con posterioridad ha quedado claro que la OTAN necesitaba más de España (dada su posición al sur de Europa y en el estrecho de Gibraltar) que España de la organización atlántica. Aunque en este caso en concreto, con la integración plena en 1986 tal vez dio al ejército español un juguete nuevo con que distraerse y olvidarse de cosas acaecidas de 1978 a 1985 en la llamada “guerra del norte”.
En el año del bicentenario de los Estados Unidos Gerald Ford, quien amnistiara al inicio de su mandato a su predecesor (Richard Milhouse Nixon) por todo lo sucedido alrededor del caso Watergate, resultando una medida tremendamente impopular, se presentaba a refrendar en las urnas su cargo. James Earl Carter, del estado de Georgia, cacahuatero y ex Gobernador ganó al candidato republicano, otorgando, de nuevo, la presidencia al partido del burrito: al partido demócrata.
Por otro lado fue en esa época de las elecciones de noviembre de 1976 en los Estados Unidos cuando un líder árabe, de Tikrit, la localidad de Saladino, se labraba su futuro como Primer Ministro primero y después como Presidente: Saddam Hussein. Se han dicho muchas barbaridades de él. La mayoría probablemente ciertas. Pero también es cierto que durante finales de los 70 y principios de los 80, como dijera aquel dirigente de los Estados Unidos sobre un líder dictatorial Centroamericano: “Si, es un hijo de Puta, pero es nuestro hijo de Puta”. Luchó contra Irán porque era lo que Estados Unidos quería de él. Aunque más tarde a Reagan se le ocurriera tejer una red con Irán y los contras en Nicaragua para financiar la insurgencia terrorista contra el gobierno democrático del Frente Sandinista del Presidente Daniel Ortega.
En 1990, sin pretenderlo, le puso en bandeja a los Estados Unidos una guerra para reactivar el militarismo, una guerra para marcar la preeminencia de los Estados Unidos. Una guerra que aunque fuera “la mayor victoria de los Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial” no hizo olvidar a Vietnam ni hizo que el entonces presidente republicano George Herbert Walker Bush (Bush 41) resultara reelegido.
Dicen que Saddam tenía armas de destrucción masiva. Y que las uso contra los kurdos o en batallas como la de la península de Fao, al sur de Irak, en 1988. Y es cierto. Porque las pruebas indican que las tenia. Las etiquetas de las armas usadas en la citada batalla son de fabricas de Estados Unidos y seguramente si escarbamos en los archivos de Hussein, si es que nadie ha procurado evaporarlos, encontraremos las facturas de compra de Irak a los Estados Unidos, lo mismo que consta el formulario (y una foto con Chirac, entonces Primer Ministro y alcalde de París) sobre la compra de Irak a Francia de un reactor nuclear que los israelíes se encargarían de hacer volar en una misión de incursión aérea en 1981.
Según todos los indicios en 1991, a finales, destruyó lo que le quedaba de armamento químico o bacteriológico. Aunque no se lo comunicara a nadie. Ni a su pueblo ni a los inspectores de la ONU ni a nadie. Quien sabe si por orgullo nacional, por cuestiones de defensa o cualquiera sabe. Pero esa fue la base en 2002 para el inicio del hostigamiento formal al régimen de Saddam. Un régimen que ya no era cómodo. Un régimen que se planteaba cambiar del dólar al euro la cotización del petróleo en el mercado de hidrocarburos. Que redenominó las reservas obtenidas por el programa Petróleo por alimentos, cautivas en Nueva York, del dólar al euro en fecha tan temprana como el año 2000. Y cuando Irak fue “liberado” la captura de Saddam fue una de las prioridades. Durante la Segunda Guerra Mundial no pudieron echarle el guante al líder supremo nazi, Adolf Hitler. No lo pudieron juzgar ni condenar. Pero a Saddam si. Y por eso ha ido a juicio y ha perdido. Porque cuando uno pierde la guerra, como lo hizo Hussein, es cuando sacan del armario el o los cadáveres (en sentido figurado… o literal) que todos esconden. Todos, sin excepción.
Esta es la diferencia entre, por ejemplo Hussein y el actual Presidente Bush (Bush 43), que debido al rechazo de los Estados Unidos al Tribunal Penal Internacional, en flagrante contradicción con los tribunales de Tokio o Nüremberg, el inquilino de la casa blanca, haga lo que haga, no irá a los tribunales. Aun así esta claro que dentro de 30 días, cuando ejecuten a Hussein, Ford y Hussein se reencontrarán y podrán, agradablemente, volver a jugar al póquer y beber Whisky de Tennessee de 30 años de antigüedad. Por Baco y por Marte, dios de la guerra, según ambos verdadero motor de la historia de la humanidad.
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