200 años han pasado ya desde que la población de la hoy República de Haití se rebelara contra su colonizadora Francia. La población mayoritariamente era negra, por lo que supuso un duro golpe en aquella época contra los esquemas recientemente establecidos de liberaciones de dominación colonial como la sucedida en las trece colonias de Norteamérica (hoy Estados Unidos), promovida por los propios colonos anglosajones, o de las inminentes revoluciones antiespañolas que estaban a punto de sucederse en el imperio americano de Castilla. Este hecho marcaría un punto de inflexión que debía ser sofocado, pues se sucede en un momento en que se trata de someter a los hermanos africanos de dichos sublevados, y ayer, como hoy, y probablemente mañana también, el buen o mal ejemplo (según se mire) debe ser erradicado para que nadie, cual camino de migas que señala el rumbo del progreso, avance en el camino de la liberación nacional y del camino autónomo y propio hacia el propio desarrollo.
Haití era un país próspero (bien lo sabían los franceses cuando se la arrebataron a los españoles). Es la mitad oriental de la isla llamada la “Española”, supuestamente la primera que piso Colón en su primer viaje a las américas en 1492. Más tarde, como resultado de debilidades de Castilla, Francia (así como el Reino Unido y los Países Bajos), tomaron parte de las antillas al Reino de Castilla. Y entre las posesiones más valiosas que cambiaron de dueño en aquellos tiempos, efectivamente, se encuentra Haití, que sirvió provechosamente a Francia, a pesar de no haberse publicado ni ser conocido, para innumerables propósitos, tanto metropolitanos como coloniales, así como para el progreso de la industria nacional. Principalmente a través de las inmensas reservas de materias primas de las que era poseedora la isla cuando hace dos siglos trató de establecer el primer gobierno independiente de América del centro o del Sur en cerca de 300 años.
Estados Unidos recibió su bautismo como potencia mundial (y regional) tras la guerra con España de 1898. Ahora ya podía intervenir más allá de las clásicas incursiones a lo largo de la frontera con México. El Caribe y el Pacífico se convertían en patio trasero donde juguetear para los aún adolescentes líderes de la joven Casa Blanca. Y el siglo XX es testigo de ello. De todas la incursiones que los Estados Unidos llevaron a cabo en países como la propia México, la República Dominicana y, como no, Haití.
Haití seguía a principios del siglo XX siendo un país próspero, a pesar de que la revolución de 1804 fue aplastada por la Francia de Napoleón, apoyada en este caso por la España de Carlos IV ( quien había apoyado la lucha de los Estados Unidos, pero que empezaba a ver que esta vez se acercaba el propio fin de su propio imperio colonial) y el Reino Unido (algo que no deja de sorprender pues la época en la que estamos en Europa el fuerte antagonismo franco-británico era manifiesto y evidente). Al final logro ser un país independiente en el siglo XIX. Si bien no plenamente soberano, como lo podría comprobar la Cuba que “ganó” la guerra contra España en 1898. Aun poseía gran cantidad de reservas en materias primas al comenzar en siglo, hace 100 años. Aunque no pudo disfrutarlas, lo cual originó una nueva revuelta que fue aplastada, esta vez por fuerzas americanas, por los marines estadounidenses. Esa parte de la isla se acabó por convertir, gracias a las sucesivas intervenciones imperialistas de toda ralea y condición, en un erial infértil y desértico que puede verse a vista de pájaro en un tono color marrón en todo el territorio haitiano, en contraste con la vecina República Dominicana, que aún conserva cierto potencial económico, razón por la que se da emigración desde Haití a la otra mitad de la isla; y esta también el hecho cuasi desconocido de los balseros que van desde la República Dominicana hacia la cercana isla de Puerto Rico, el casi Estado número 51 de EEUU. En número y proporción mayor al de los cubanos. Se ha convertido en el país más pobre de América. No sólo son pobres, como quizá sean en zonas como Cuba, sino que además son míseros. Y pasan hambre. Siendo este un caso de terrible sarcasmo de la historia sobre este otrora ilustre e importante territorio.
El camino hasta la presente crisis se plantea claro en el sentido de que se trata de conservar el que la mitad de Haití este bajo el control de occidente, de los Estados Unidos (o de Francia, la antigua metrópoli). Como se pudo ver en la revuelta democratizadora de los años 80, nuevamente aplastada. Ha habido un juego últimamente en que antiguos demócratas de toda la vida han sido traídos y llevados del poder. En 1994, sin ir más lejos, Estados unidos intervino militarmente para lograr que Jean Bertrán Aristide, el antiguo presidente de la Republica, derrocado en un golpe militar, fuera restituido a su cargo. Su estancia en Estados Unidos esta abierta a interpretaciones. Lo mismo que su fulgurante vuelta al poder, a lo Fernando VII en España (el deseado le llamaban). Ahora se ha ido. O le han sacado para evitar males mayores. Lo mismo da. Ahora Haití se encuentra militarmente ocupada. Ójala sea por su bien. Y para que de una vez por todas, con lo poco que le queda (que le han dejado mejor dicho) pueda seguir su propio camino para salir del subdesarrollo y de la miseria extrema en la que se halla sumida.
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