La vivienda es una de las necesidades básicas de la humanidad desde los tiempos en que bajamos de los árboles y empezamos a andar a dos en vez de a cuatro patas. En aquel momento no tuvimos más conocimientos que para meternos en cuevas. Pero la cuestión ha evolucionado mucho. Antes éramos nómadas. Y ahora sedentarios. Pero aún hoy hay gente sin hogar. Como en París. O Barcelona. También en Bilbao.
La noticia fue la irrupción de un gran número de tiendas de campaña en la ciudad de la luz para hacer visible el problema de escasez de vivienda de multitud de parisinos y franceses. El problema está claro. Es de disfunción jurídica. Mientras constitucionalmente está consignado como uno de los derechos fundamentales (la vivienda), aunque esté dentro del apartado declarativo, en la realidad este derecho no se contempla para su defensa en términos tan estrictos como son la defensa nacional (el clásico “orden”).
La vivienda debe ser un ámbito de derecho positivo, es decir, debe ser un derecho y no parte de un mercado especulativo. Es lo que se llama desmercantilizar ámbitos de la vida de las sociedades. Sacar del mercado un bien primario como es la vivienda. Para que todos puedan poseer en propiedad… o en alquiler una vivienda. Disfrutar de su uso. El estado es el depositario de esta responsabilidad. Responsabilidad que le es adjudicada por el régimen del estado de bienestar, un sistema de garantías, derechos y libertades ciudadanas que, si bien es imperfecto, sigue estando formalmente vigente en Francia y España, los estados vecinos de este nuestro país.
Han hecho bien los quijotes, como se hacen llamar, de París. Un problema esta oculto hasta que alguien lo hace visible, lo hace emerger de, como dijo alguien, el rincón de la historia, para ponerlo de relevancia con todos sus matices de crudeza y depravación para una sociedad como la francesa que dice basar su discurso patrio en el “liberté, egalité y fraternité”. Aunque como sabemos lo de la fraternité sustituyó al original “propiedad”. Russeau dijo que al primero que cogió cuatro estacas y delimitó un terreno había que haberle matado en el sitio. Para erradicar de raíz la propiedad privada. No hay que ser tan radical. Hay que respetar los derechos humanos.
El Estado aun tiene mecanismos para poder llevar a cabo una política coherente para sus conciudadanos. De ahí que el Primer Ministro francés en poco menos de una semana haya salido con medidas de ayuda a los alzados contra la injusticia de dormitar bajo el manto de las estrellas. Como ha quedado demostrado lo único que falla es la voluntad política. Sin ella no es posible avanzar en la integración social de nuestros pueblos. Con una conciencia de que todos somos iguales en derechos y obligaciones y que todos tenemos unas necesidades básicas que deben ser cubiertas por el estado. Que pueden ser cubiertas por el estado. Y que si no lo hacen es porque no quieren.
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