Cuando vean un lazo amarillo en las solapas de unos ciudadanos americanos, que no les quepa duda, están en la campaña de apoyo a sus tropas en el mundo. Es una campaña tremendamente inteligente. Se sirve de los instintos primarios del ser humano y de la capacidad maternal de mujeres y hombres, de tratar de que sus hijos no mueran en un territorio extranjero. Quien está en contra de que las tropas que estén allí lo tienen difícil, puesto que se les señala como contrarias a las tropas y en consecuencia, antiamericanos.
He ahí la clave. El antiamericanismo. Se señala el hecho consumado. Las tropas están allí luchando por la libertad y la democracia, por lo que si eres buen americano debes apoyar a tus tropas. Debes apoyar a tu ejercito. Ellos están luchando por ti. Dicen. Pero son tus hijos los que están allí. Luchando. No son los hijos de senadores, congresistas u otros estamentos de la administración. Son los hijos del pueblo. Y la administración, el gobierno, lo presenta como un hecho consumado. Están allí. Apóyalos.
Pero la cuestión que debe plantearse, y que no se puede debido a esta campaña, es ¿Por qué están allí? Quizá no fue una razón lo suficientemente potente, lo suficientemente justificada para enviar a los hijos del pueblo a combatir a otro país.
Es verdaderamente curioso el fenómeno del antiamericanismo. ¿Han oído alguna vez hablar de anti-canadienses? ¿De anti-franceses? Es la dialéctica del amigo/enemigo, del que quien no está conmigo esta contra mi, que casualmente la inaguraran los teóricos del fascismo, los proto-fascistas y proto-nacionalsocialistas fueron los que pusieron en juego esta sin razón dualista y militarista. El adversario pasaba a ser un enemigo a batir.
Antiamericano es todo aquel que disienta de la política oficial. El que cuestione el uso arbitrario de tropas, el que diga ¿Porque he de apoyar unas tropas que en este momento no me representan? La cuestión fundamental de la guerra. Esta y todas es … ¿Porqué la guerra? La guerra es el último recurso de la humanidad. Cuando todo lo demás falla. Cuando las rondas diplomáticas no ofrecen mayor vía de solución.
Pero lo que un gobierno como el americano no puede hacer es obrar su voluntad, acometer acciones en el exterior, tanto con el apoyo como sin el apoyo de su ciudadanía y luego ir a ella y pedirle que apoye sus tropas. Algo que legitimaría su actuar de forma indirecta.
Pues eso es ésta campaña en cuestión. Noam Chomsky en su libro “Cómo nos venden la moto” lo explica muy bien. Supone en definitiva, y resumiendo, darle (con éxito en este caso) la vuelta a la tortilla y lograr que el pueblo americano en vez de hacerse la pregunta correcta acerca de las razones por las que están en un lugar y si debiera ser otra su política para el mundo, se preocupan por el apoyo de sus tropas.
Una victoria sobre el espíritu de Vietnam, que caló tan hondo en la sociedad americana, que tardaron casi década y media en enviar grandes cantidades de tropas de tierra a otro país, y que ha costado ese tiempo darle la vuelta a la historia y hacer ver al pueblo americano un pasado diferente al que en realidad fue.
Recomendable para todos en especial un libro ilustrativo acerca del verdadero sentir de la guerra de Vietnam. “La otra historia de la guerra de Vietnam”, de Jonathan Neale, editado en el Estado español por Textos Inquietos en 2003.
Aún con todo debemos confiar en el espíritu humano y en la capacidad de raciocinio que todos tenemos. Europeos. Americanos. Todo el mundo. Y en la capacidad de discernir la verdad de las mentiras oficiales. Y que se haga, al final, justicia para un mundo más justo y solidario.
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